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Castigos vs. Consecuencia en la crianza respetuosa

Cuando hablamos de crianza respetuosa, son frecuentes las consultas sobre las formas de gestionar los límites. ¿Es posible poner límites de forma firme pero amorosa?




En este sentido, es importante desprendernos de algunas costumbres pasadas, vinculadas con estilos de crianza autoritarios, como son los premios y castigos.


Los castigos son consecuencias negativas frente a una conducta del niño o niña que deseamos inhibir. Implican una carga emocional negativa del adulto, pues generalmente se imponen desde el enojo o la frustración. Tienen como objetivo generar malestar o incomodidad, a modo de que “aprenda” que “eso no se hace”.

¿Son efectivos? Generalmente sí. Pero el impacto emocional puede ser alto y, más importante aún, no promueven un pensamiento crítico ni reflexivo, simplemente modifica la conducta.


Además, impactan en la identidad del niño o niña, porque el mensaje que resulta es “me porté mal”, “hice esto mal”, aumentando la frustración y no colaborando con la gestión emocional del origen de la conducta.


Por otro lado, las consecuencias frente a límites establecidos en la familia se centran en la acción y no en la persona. Promoviendo un pensamiento reflexivo.


¿Cuáles son las características de las consecuencias?

1. Las consecuencias están relacionadas con la situación que se desea poner límite. Es decir que no son arbitrarias. Por ejemplo, no sería válido decir “si no comés toda la comida, no podés ver televisión mañana”. ¿Dónde está la conexión de la televisión con la comida?

2. Las consecuencias se establecen por anticipado, cuando se plantea la regla o el acuerdo familiar. A diferencia del castigo, no depende de la reacción ni de la emoción del adulto en el momento.

3. En este mismo sentido, las consecuencias no van acompañadas de carga afectiva por parte del adulto. Cuando se llevan a cabo, el adulto no está enojado ni rezongando. Simplemente se hace lo acordado previamente.

4. Las consecuencias se cumplen de forma inmediata y siempre de igual manera. No dependen del humor ni del momento del día.


Es frecuente confundir las consecuencias con amenazas. Estas últimas están vinculadas al castigo, donde el efecto es negativo frente a algo que se haga o no.


Recordemos que las consecuencias no están vinculadas a la afectividad, sino que ofrecen opciones ante el niño o niña. Por ejemplo, si van a salir y el niño/a tiene que ponerse zapatos, se le puede dar a elegir entre dos pares a modo de ofrecer alternativas. La consecuencia que se puede establecer es no salir si no se calza.

Seguro estarás pensando que eso es un castigo. Pues si está la opción de quedarse en casa jugando, es decir que no hay un impacto negativo en la emoción, no sería un castigo. Es la consecuencia de no calzarse: no se puede salir.


Hay casos en donde las consecuencias no son tan sencillas, e implica una situación incómoda para el niño o niña. Por ejemplo, si hay que ir al médico y no está la opción de quedarse en casa. En ese caso se explica la situación (en pocas palabras, claras y concretas) donde las opciones serían que “él/ella elige los zapatos” o “mamá/papá eligen y los ponen”. (No sería grave ir al médico sin zapatos :D, es un ejemplo)


Es claro que poner límites no es tarea sencilla, y están estrechamente vinculados con los valores familiares. Es importante identificar aquellos puntos en donde “no negociamos”, de otras situaciones donde podemos ser más flexibles.


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