Andadores o Baby walkers: ¿una buena idea?



Llega un momento en el desarrollo de los bebés en donde logran un mayor dominio de sus músculos y mayor interés por los objetos que los rodean. Podemos ver como, con gran concentración, tratan de tomar objetos lejos de su alcance, y utilizan todas sus herramientas motrices para desplazarse. Este sentido, aproximadamente entre los 6 y 10 meses suelen explorar diferentes mecanismos para comenzar a desplazarse de forma autónoma.


Para esta etapa el mercado de productos infantiles nos ofrece diversos artículos, entre ellos los andadores o baby walkers. Nos ofrecen la ilusión de que ayudamos su desarrollo, pero es importante conocer los riesgos asociados a su uso.


La creencia popular sostiene que el usar estos artefactos promueven la marcha en el niño (creyendo que caminará antes o fortalecerá sus piernas). Pero es todo lo contrario, los andadores retrasan el inicio de la marcha. Asimismo, su uso está fuertemente vinculado con accidentes domésticos, porque le brinda al niño una movilidad y velocidad para la cual aún no está pronto.[1]


¿Sabías que hay varios países que han prohibido su comercialización? Es el caso de Canadá y Brasil. En Estados Unidos han impuesto normas de calidad altas, que disminuyen los accidentes asociados, aunque el efecto negativo en su desarrollo psicomotor sigue siendo el mismo.


Impacto negativo en el desarrollo

Como con todos los aspectos vinculados al desarrollo de los niños, es importante respetar los tiempos y procesos individuales. La naturaleza diseñó el gateo para que los bebés puedan desplazarse y promuevan distintos mecanismos psicomotores.


Pensemos que la coordinación que requiere el gateo es sumamente compleja, y será un escalón más en el progreso de su aprendizaje. Al ofrecerles “caminar” de una forma artificial, adelantamos este desarrollo, sin contemplar su proceso.


Asimismo, el uso de estos aparatos altera la concepción del tiempo y del espacio, pues la velocidad con la que se llega de un punto a otro no será igual si el bebé es desplazado por las ruedas del andador. Esto afecta la construcción de la noción de “cuánto mide cierta distancia” y el esfuerzo que le lleva al cuerpo transitarla.

De igual forma, se ve afectada la construcción sensorial; por ejemplo, cómo el bebé puede identificar los límites de su cuerpo si se choca con objetos antes de siquiera tocarlos. Nos encontramos luego con niños que caminan en “punta de pie”, se tropiezan con mayor facilidad o presentan otras dificultades, propias de un desarrollo inadecuado.


En términos generales, es mejor evitar cualquier artefacto que intervenga en el desarrollo fisiológico de nuestros hijos. Todo proceso de aprendizaje es muy rico en sí mismo. Importa el cómo aprendo, porque en este camino el niño transitará la frustración, la alegría de conseguirlo y será dueño de su cuerpo.

[1] De Avila Aburdene, R., & M. Castro Kukoc. “Relaciones con el inicio de la marcha, gateo, uso de andadores y accidentes”. Revista de la Sociedad Boliviana de Pediatría [online], 2005, 44 (1): 11-14. Disponible en: ‹http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1024-067520050001.00003&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1024-0675›.



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