Leer con los más pequeños




No sé si somos conscientes de todo lo que transmitimos a través de la lectura. Recuerdo claramente que, con mis hijos, yo no lo era.


Los libros son fuente inagotable de información, transmiten mucho más que el texto que pronunciamos. A través de los cuentos transmitimos valores, enseñanzas, historias de nuestra cultura e identidad. Además, con el tono de voz, la entonación y el lenguaje corporal: estamos inculcando vocabulario y el uso de nuestra lengua.


Por todo esto, es importante la elección del material, así como del tiempo que le dedicamos.


¿Cómo elegir libros?

Durante los primeros meses y años podemos ofrecer a nuestros hijos pequeños distintos tipos de libros. Al principio serán mayormente imágenes con alguna palabra, también encontraremos algunos que nos ofrecen texturas o incluso sonidos. Con el correr de los meses podremos empezar a incorporar más información, con cuentos más elaborados, mayor vocabulario y extensión.


Al momento de elegir un libro, podemos observar:

  • El material con el que está hecho el libro y contemplar si es adecuado para la edad. En los más pequeños, las hojas necesitan ser duras para que las pueda manipular. También puede querer llevarlo a la boca.

  • Los dibujos y las imágenes. ¿Qué colores usa? ¿Qué información transmite a través de los dibujos? Por ejemplo, si las mujeres son todas princesas, flacas vestidas de pollera rosada.

  • Las letras, ¿cómo y dónde están? ¿Son letras claras, o son finas y poco identificables? ¿Están en mayúscula? Esto sería ideal para los niños cuando empiezan a aprender a leer.


Este proceso de lectura irá acompañando la adquisición del lenguaje y la lectoescritura (la capacidad de leer y escribir). No podemos esperar que un niño abra por primera vez un libro a los 6 años. Si nunca antes vio una letra o escuchó un cuento, será mucho más difícil comenzar el proceso a esa edad.

El tiempo de lectura

Es necesaria la participación activa de los adultos en el encuentro con el libro. Si lo leemos cansados o aburridos, también transmitiremos esa emoción. Por eso es importante ser conscientes de cómo estamos en ese momento, compartiendo con gusto, haciendo pausas que permitan la elaboración de la información, enfatizando en determinadas palabras, sonidos, mostrando imágenes; es decir que toda la expresión y el manejo de nuestro cuerpo también participe en la lectura. Podemos señalar con nuestro dedo índice dónde está el texto mientras lo leemos, comenzando a diferenciar el dibujo de las palabras.


Esta actividad también nos ofrece un tiempo de intercambio con nuestro pequeño, fortaleciendo el vínculo y construyendo memoria. ¿Qué significa esto? Nuestro hijo recordará esos momentos, guardará en su memoria emocional que determinado cuento o libro lo compartió con nosotros. Son esas experiencias que trascienden el tiempo, y quedarán registradas como un recuerdo emocional.




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©  2020 por Claudia López Rodríguez

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