Trastorno del Espectro Autista (TEA), ¿Qué es y cuándo consultar?

En el año 2014, en Estados Unidos, 1 en 59 niños fue diagnosticado dentro del espectro autista. ¡Esta es una cifra muy alta! Cuando el diagnóstico es oportuno y temprano, permite que el niño reciba un abordaje integral, potenciando sus fortalezas y apoyándolo en sus áreas a mejorar. Por eso es importante conocer las señales de alerta.




Es definido como un “espectro” pues no existen dos niños iguales con TEA. Hay características que lo definen, pero su manifestación será muy amplia. Se encuentran alterados el desarrollo de la comunicación y el lenguaje, la interacción social y la flexibilidad de la conducta, pero todos ellos en distintos niveles. De acuerdo con la severidad de estas alteraciones, se caracteriza en leve, moderado o severo.


Para explicarlo de forma sencilla, el cerebro de un niño autista funciona diferente del de un niño neurotípico (refiere a un funcionamiento neuronal típico, sin elementos que difieran de lo esperable). Las conexiones neuronales se organizan de una forma peculiar. Generalmente se ven fortalecidas las zonas del cerebro vinculadas con el procesamiento de la información visual, mientras que otras áreas se ven menos desarrolladas.


Esta organización les brinda una habilidad importante de concentración en aquello que llama su atención, mientras que por otro lado les dificulta interpretar expresiones faciales y el lenguaje corporal.[1]

Asimismo, se observa una alteración de la integración sensorial. Los sentidos mandan información al cerebro acerca del entorno y las personas. Cuando esta interacción no está bien articulada, el cerebro se puede ver sobrecargado y confundido, lo que afecta la forma en que las personas con autismo perciben el mundo.[2] Estas diferencias sensoriales pueden afectar el comportamiento, por ejemplo, podemos encontrar niños que tapan sus oídos pues no toleran los sonidos del ambiente.


En algunas ocasiones desarrollan comportamientos que los ayudan a lidiar con esta alteración sensorial, los cuales pueden ser llamativos y difíciles de comprender, como por ejemplo girar sobre sí mismos, balancearse o golpearse la cabeza. En estos casos puede ser una buena idea identificar en el entorno los estímulos que estén siendo perturbadores, para reducirlos y calmar al niño.


Estos trastornos son crónicos, es decir que serán parte de la persona durante toda su vida. Por ello el diagnóstico precoz es fundamental,


Si tienes cualquier inquietud respecto a tu hijo o hija, no dudes en consultar con su pediatra.


Signos de alarma de 0 a 12 meses


Al mes


• Trastorno persistente de la alimentación.

• Llanto e irritabilidad permanente difícil de calmar.

• No fija la mirada en el rostro humano.


A los 3 meses


• No tiene sostén de su cabeza.

• Puños siempre cerrados con el pulgar hacia adentro.

• No presenta respuesta a estímulos auditivos.

• No emite sonidos.

• Ausencia de sonrisa social.

• No sigue con la mirada.


A los 6 meses


• Ausencia de movimientos anticipatorios (por ejemplo, cuando el bebé no alza sus brazos al acercarse el cuidador, para ser cargado).

• No gira hacia la fuente de sonido.

• No mira a la cara.

• No sonríe ni varía su expresividad.


A los 9 meses


• No se mantiene sentado.

• Asimetría en el manejo de las manos (hasta los dos años no existe la preferencia manual, usan ambas manos indistintamente)

• No balbucea.

• No reconoce a las personas que lo cuidan.


A los 12 meses


• No reclama atención.

• No extraña a sus referentes.

• No explora el entorno.

• No imita gestos o acciones.

• No pronuncia sílabas.

• No comprende el “no”.

• No responde al nombre.


A cualquier edad


• Trastornos del sueño o la alimentación persistentes.

• Autoagresividad.*

• Conductas repetitivas y estereotipadas.**

• Autoestimulación prolongada.***

• Aislamiento / indiferencia frente al entorno.

• Hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial (sonidos, texturas, dolor, etcétera).

• Hipertonía o hipotonía (tono muscular exagerado o disminuido, respectivamente).

• Rechazo a ser tomado en brazos.

• Pérdida de habilidades adquiridas.



* La autoagresividad refiere a aquellas conductas violentas que el niño dirige contra sí mismo, como puede ser lastimarse o golpearse de forma intencional.

** Las conductas repetitivas y estereotipadas son acciones sin sentido que se repiten sin tener un propósito concreto, como puede ser mecerse, girar o sacudir las manos.

*** Cuando hablamos de autoestimulación nos referimos a la masturbación. En niños pequeños esta práctica es esperable como una conducta exploratoria y de satisfacción. Se observa como un signo de alarma cuando la misma se realiza de forma prolongada y prioritaria. Por ejemplo, cuando el pequeño deja de realizar otras actividades por autoestimularse.


[1] Samson, F., L. Mottron, I. Soulières & T. A. Zeffiro. “Enhanced visual functioning in autism: an ALE meta-analysis”. Human Brain Mapping [online], 2012 Jul, 33 (7): 1.553-1.581. [2] The National Autistic Society. Sensory differences. Disponible en: ‹https://www.autism.org.uk/sensory›.

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