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¿Necesitamos rutinas con niños/as pequeños/as?

La respuesta es SÍ! Las rutinas son prácticas fundamentales para el desarrollo de niños y niñas pequeñas. A continuación te explico por qué.





Las rutinas familiares son tareas y actos cotidianos que forman parte de la vida. Ellas ayudan a ordenar y dar sentido a cómo funciona cada familia en particular. Ordenan nuestro día a día. y nos ayudan a regularnos física y emocionalmente.


El concepto de “tiempo” es una noción compleja, que requiere de un largo proceso para poder comprenderla: ¿Cuánto es media hora? ¿Cuánto son 5 minutos?

Los bebés y niños pequeños conciben el transcurso del tiempo de acuerdo a eventos. Van a comprender el concepto de “antes” y “después” a partir de rutinas cotidianas, al principio muy básicas, vinculadas a necesidades primordiales como ser la alimentación, el sueño y la higiene.


Con el correr de los meses, se incorporan nuevas actividades y los pequeños conocerán la forma en que funciona el mundo a través de las prácticas cotidianas. Al repetirse el mismo orden de sucesos en una misma actividad, y estas a lo largo del día, podrá identificar los distintos momentos. Se creará un ritmo en cada experiencia, conformando un ritual. Por ejemplo, cada cuidador tendrá cierta forma de cambiar los pañales, que puede incluir un juego, un mimo. Será un ritual que mantiene la misma secuencia de eventos. De esta forma, el bebé podrá predecir cuánto falta para que termine esa actividad solamente al reconocer el suceso de acciones por parte del cuidador.


El tener conciencia de la sucesión de eventos calmará ansiedades y lo ayudará a regularse emocionalmente.

Supongamos que el bebé al que se le está cambiando el pañal está ansioso por jugar con una pelota que ha llamado su atención; el poder predecir el “tiempo” que llevará el cambio de pañales lo ayudará a sostener la pequeña frustración de tener que esperar.


Asimismo, este ritmo estructurará su pensamiento. En palabras más simples, el mantener cierto ritual ayuda a que el bebé pueda predecir una acción. Podrá generar el siguiente pensamiento: “Después de esto, viene esto otro”. Algo que parece muy sencillo, es un pilar fundamental en la construcción del razonamiento.


Los padres no necesitamos tener un cronograma pegado a la heladera que nos ordene, pues se supone que estos ritmos ya forman parte del funcionamiento familiar. Sin embargo, en algunos casos nos encontramos con familias que, ya sea por sus actividades laborales o sus características de personalidad, son un tanto caóticas en sus ritmos cotidianos.


Este desorden en los sucesos puede ser perjudicial, pues será muy difícil para niños y niñas incorporar la noción de tiempo y regular sus emociones de acuerdo con las distintas actividades, simplemente porque no saben qué va a pasar después.


El hecho de desconocer el futuro inmediato puede desencadenar muchísima ansiedad.

Un adulto, al sentir hambre, por ejemplo, puede razonar y generar una estrategia: “Termino lo que estoy haciendo y luego como una manzana”. El bebé o niño pequeño va a experimentar una sensación fuerte y desagradable en su cuerpo; no puede razonar que lo que le sucede es “hambre”, mucho menos elaborar una estrategia para saciar esa necesidad.


Algunas recomendaciones puntuales:


  • Mantener rituales cotidianos

Los distintos eventos cotidianos serán la primera escuela para nuestros hijos. Podemos aprovechar los momentos de baño, cambio de pañales, alimentación, para construir los primeros rituales que estructurarán su pensamiento. Generalmente los padres hacemos esto de forma instintiva, pero no está de más brindar una fundamentación teórica que nos oriente. Si repetimos la misma sucesión de actos en cada ritual, estaremos ayudando a construir la noción del “antes” y “después”, generando actos previsibles que organizan nuestro cerebro.


  • Dejar lugar para lo novedoso y la expectativa

Los clásicos juegos de cosquillas, de hacer sonidos divertidos, entre otros, serán los primeros pasos en la construcción de la expectativa. Serán rituales que no tienen como objetivo el cuidado o el bienestar corporal del niño, sino meramente el placer. Estas son las actividades que al pequeño le llaman la atención y generan un momento divertido. El adulto, instintivamente, le dará una expectativa. Por ejemplo, antes de hacer cosquillas, el cuidador puede poner caras divertidas y anticipar con gestos y de forma verbal que viene la “hormiguita” que le camina por el cuerpo. Este momento previo es de suma importancia, pues genera una instancia de espera y expectación.


  • Anticipar situaciones

Anticipar distintas situaciones será de mucha ayuda, principalmente en lo que refiere a regular emociones. Por ejemplo, si el niño se encuentra concentrado jugando con un objeto, pero nosotros queremos darle un baño. ¿Qué se imaginan que sucederá si le quitamos el objeto y lo llevamos a la bañera? Seguramente el pequeño se enoje mucho, llorando enérgicamente, y se resista a bañarse. Sin embargo, si nos tomamos unos minutos para anticipar el evento, la misma situación podrá ser vivida de forma completamente diferente. Por ejemplo, le contamos que en un ratito viene la hora de bañarse, vamos cantando una canción que vincule con el baño, tomamos la ropa y preparamos todo lo necesario de forma visible para que el niño note que algo va a suceder, y finalmente podemos conversar de dejar el objeto en determinado lugar, y que a su retorno continúe jugando.


Lic. Claudia López


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