La llegada de un hijo y su impacto en la pareja y en la familia

Actualizado: feb 22


La llegada de un bebé va a tener un impacto importante tanto en la familia como en la pareja. Pensemos que ese pequeño bebé va a convertir en padres a quienes antes eran hijos, y en abuelos a quienes son padres. Esto genera un movimiento generacional, integrando dos familias en una sola. Los primeros meses pueden ser intensos, porque implica adaptarse, no sólo al bebé, sino al nuevo rol de madre y padre.


Desde una mirada biológica, la mujer se encuentra muy comprometida con esta nueva realidad. La madre no tiene más opción que "poner el cuerpo" literalmente. Desde el embarazo verá como su cuerpo se va transformando, llevando consigo (24 horas al día) a su pequeño bebé que crece en su vientre.


Posteriormente, tanto en el parto como en la lactancia, la mujer transita esta experiencia desde su cuerpo. Por más acompañada que esté, sólo ella puede dar a luz y alimentar con su leche al bebé. En estas primeras semanas, tanto la pareja, como su propia persona pueden quedar relegadas en favor del cuidado del recién nacido.


Sin embargo, es importante saber que la mujer también necesita ser cuidada. Así como el bebé necesita alimentarse, dormir, ser contenido y mimado; la mujer tendrá estas mismas necesidades. En este sentido, la pareja tendrá un rol centrar, porque no sólo será clave en el cuidado del pequeño, sino también en cuidar a quien cuida.


Es frecuente encontrar dificultades en la dinámica familiar en estas primeras etapas, pues ambos quieren hacer a la par, ocupándose por igual de las mismas tareas. Esto es físicamente imposible, porque por más que la pareja quiera, no puede parir ni amamantar. Instintivamente el bebé buscará el cuerpo de su madre, pues su olor, ritmo cardíaco, temperatura corporal (entre otros elementos) serán estímulos que tranquilicen al bebé, dándole seguridad.


“A mí me faltan tetas” es una frase muy frecuente en los varones. Y en realidad va mucho más allá de la lactancia, porque incluso en mujeres que no amamantan, el bebé buscará estar en sus brazos, que es lo que la naturaleza diseñó para que se sientan seguros.


Cuando la pareja puede ubicarse en un rol de contención y cuidado, en donde logra mirar más allá del bebé, la dinámica familiar suele funcionar mucho mejor. En estas primeras etapas, el padre (o quien cumpla la función paterna) tiene un rol central, que va mucho más allá de cuidar y atender al bebé, sino que también necesita poder hacer foco en la madre y sus necesidades.


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©  2020 por Claudia López Rodríguez

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